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GreenRock desde Enero 2.020

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GreenRock desde Enero 2.020
Crisis energética: una estrategia largamente planificada por círculos empresariales y políticos occidentales para desmantelar las economías industriales en nombre de una distópica ‘agenda verde’. GreenRock desde Enero 2.020

Por WilliamEngdahl

Visto en: Trikooba

              La mayoría de la gente está desconcertada por lo que es una crisis energética mundial. Con los precios del petróleo, el gas y el carbón que se disparan simultáneamente. Y que incluso obligan a cerrar grandes Plantas Industriales como las de Productos Químicos, de Aluminio o Acero. La Administración Biden y la UE han insistido en que todo se debe a las acciones militares de Putin y Rusia en Ucrania.

              Esto no es así. La crisis energética es una estrategia largamente planificada por los círculos empresariales y políticos occidentales, para desmantelar las economías industriales en nombre de una distópica «Agenda Verde». Como documenta F. William Engdahl, esta Agenda tiene tiene sus raíces en años anteriores a febrero de 2.022, cuando Rusia lanzó su acción militar en Ucrania.

              En Enero de 2.020, en vísperas de los devastadores cierres de covacha, desde el punto de vista económico y social, el Director General del mayor Fondo de Inversión del mundo, Larry Fink, de Blackrock, publicó una Carta dirigida a sus colegas de Wall Street y a los Directores Generales de las Empresas sobre el futuro de los flujos de inversión.

              En el documento, modestamente titulado “Una remodelación fundamental de las finanzas”, Fink, que gestiona el mayor Fondo de Inversión del mundo, con unos 7 billones de dólares gestionados en ese momento, anunció un cambio radical para la inversión empresarial. El dinero “se volvería verde”. En su carta de 2.020, muy seguida, Fink declaró:

              “En un futuro próximo – y antes de lo que la mayoría prevé – habrá una reasignación significativa del capital … El riesgo climático es un riesgo de inversión”. Además, declaró: “Todos los Gobiernos, Empresas y Accionistas deben enfrentarse al cambio climático”.

              En otra Carta, dirigida a los Clientes Inversores de Blackrock, Fink presentó la nueva Agenda de inversión de capital. Declaró que Blackrock saldrá de ciertas inversiones con altas emisiones de Carbono, como el carbón, la mayor fuente de electricidad para EE.UU. y muchos otros países. Añadió que Blackrock examinaría las nuevas inversiones en petróleo, gas y carbón para determinar su adhesión a la “sostenibilidad” de la Agenda 2.030 de la ONU.

              Fink dejó claro que el mayor Fondo del mundo comenzaría a desinvertir en petróleo, gas y carbón. “Con el tiempo”, escribió Fink, “las Empresas y los Gobiernos que no respondan a las «partes interesadas» y aborden los riesgos de sostenibilidad se encontrarán con un creciente escepticismo de los mercados. Y a su vez, con un mayor coste de capital.” Añadió que “el cambio climático se ha convertido en un factor definitorio de las perspectivas a largo plazo de las Empresas… Estamos al borde de una remodelación fundamental de las finanzas”.

              A partir de ahí, la llamada inversión ESG, que penaliza a las empresas emisoras de CO2 como ExxonMobil, se ha puesto de moda entre los hedge funds y los Bancos y Fondos de Inversión de Wall Street, incluidos State Street y Vanguard. Tal es el poder de Blackrock. Fink también consiguió que cuatro nuevos miembros del Consejo de Administración de Exxon Mobil se comprometieran a acabar con el negocio del petróleo y el gas de la Empresa.

              La Carta de Fink de Enero de 2.020 fue una declaración de guerra de las grandes finanzas contra la Industria Energética convencional. BlackRock fue miembro fundador del Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima (el TCFD) y es firmante de los Principios de Inversión Responsable de la ONU, una red de inversores apoyada por la ONU que impulsa la inversión en Carbono cero utilizando los criterios ESG -medioambientales, sociales y de gobernanza – altamente corruptos en las decisiones de inversión. No existe un control objetivo sobre los datos fak de los ESG de una empresa. Además Blackrock firmó la declaración del Vaticano de 2.019 que aboga por los regímenes de precios del carbono. BlackRock también se unió en 2.020 a Climate Action 100, una coalición de casi 400 gestores de inversiones que gestionan 40 billones de dólares.

              Con esa fatídica Carta del Director General de Enero de 2.020, Larry Fink puso en marcha una colosal desinversión en el billonario sector mundial del petróleo y el gas. Notablemente, ese mismo año Fink, de BlackRock, fue nombrado miembro del Consejo de Administración del distópico Foro Económico Mundial de Klaus Schwab, el nexo corporativo y político de la Agenda 2.030 de la ONU con cero emisiones de Carbono. En Junio de 2.019, el Foro Económico Mundial y las Naciones Unidas firmaron un marco de asociación estratégica para acelerar la implementación de la Agenda 2.030. El FEM cuenta con una plataforma de Inteligencia Estratégica que incluye los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2.030.

              En su Carta de Director General de 2.021, Fink redobló el ataque al petróleo, el gas y el carbón. “Dado lo fundamental que será la transición energética para las perspectivas de crecimiento de cada Empresa, pedimos a las Empresas que revelen un plan sobre cómo su modelo de negocio será compatible con una economía neta cero”, escribió Fink. Otro directivo de BlackRock dijo en una reciente conferencia sobre energía que “donde vaya BlackRock, otros le seguirán”.

              En sólo dos años, se estima que en 2.022 se habrá salido de la inversión en exploración y desarrollo de petróleo y gas a nivel mundial un billón de dólares. La extracción de petróleo es un negocio caro y el corte de la inversión externa por parte de BlackRock y otros inversores de Wall Street supone la muerte lenta de la Industria.

Biden, ¿un Presidente de BlackRock?

              Al principio de su entonces deslucida candidatura presidencial, Biden tuvo una reunión a puerta cerrada a finales de 2.019 con Fink, quien supuestamente le dijo al candidato que “estoy aquí para ayudar.” Después de su fatídica reunión con Fink de BlackRock, el candidato Biden anunció: “Vamos a deshacernos de los combustibles fósiles…” En Diciembre de 2.020, incluso antes de que Biden tomara posesión de su cargo en Enero de 2.021, nombró a Brian Deese, Jefe global de inversiones sostenibles de BlackRock, como Asistente del Presidente y Director del Consejo Económico Nacional. Aquí, Deese, que desempeñó un papel clave para Obama en la redacción del Acuerdo Climático de París en 2.015, ha dado forma silenciosamente a la guerra de Biden contra la Energía.

              Esto ha sido catastrófico para la Industria del Petróleo y el Gas. Deese, el hombre de Fink, participó activamente en la entrega al nuevo Presidente Biden de una lista de medidas anti-petroleras, para que las firmara por Orden Ejecutiva a partir del primer día de Enero de 2.021. Eso incluía el cierre del enorme oleoducto Keystone XL. Que llevaría 830.000 barriles diarios desde Canadá hasta las refinerías de Texas. Y la detención de cualquier nuevo arrendamiento en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico (ANWR). Biden también se reincorporó al Acuerdo Climático de París que Deese había negociado para Obama en 2.015 y que Trump canceló.

              El mismo día, Biden puso en marcha un cambio del llamado “Coste Social del Carbono”. Con él impone un castigo de 51 dólares por tonelada de CO2 a la industria del petróleo y el gas. Esa medida fue establecida bajo la Autoridad puramente Ejecutiva. Sin el consentimiento del Congreso. Y está suponiendo un coste devastador para la inversión en petróleo y gas en Estados Unidos. Un país que sólo dos años antes era el mayor productor de petróleo del mundo.

Acabar con la capacidad de las refinerías. GreenRock desde Enero 2.020

              Peor aún, las agresivas normas medioambientales de Biden y los mandatos de inversión ESG de BlackRock están acabando con la capacidad de las Refinerías estadounidenses. Sin Refinerías, no importa cuántos barriles de petróleo se tomen de la Reserva Estratégica de Petróleo. En los dos primeros años de la presidencia de Biden, EE.UU. ha cerrado alrededor de un millón de barriles diarios de capacidad de refinado de gasolina y diésel. En parte debido al colapso de la demanda Covid. El descenso más rápido en la historia de EE.UU. Los cierres son permanentes. En 2.023 se cerrará una capacidad adicional de 1,7 millones de barriles diarios como resultado de la desinversión de BlackRock y Wall Street, y de las regulaciones de Biden.

              Citando la fuerte desinversión de Wall Street en el petróleo y las políticas antipetróleo de Biden, el Director General de Chevron declaró en Junio de 2.022 que no cree que Estados Unidos vuelva a construir otra Refinería nueva.

              Larry Fink, miembro de la Junta del Foro Económico Mundial de Klaus Schwab, se une a la UE, cuya Presidenta de la Comisión de la UE, la notoriamente corrupta Ursula von der Leyen, dejó la Junta del FEM en 2.019 para convertirse en la Jefa de la Comisión de la UE. Su primer acto importante en Bruselas fue impulsar la agenda de la UE Zero Carbon Fit for 55. Eso ha impuesto importantes impuestos sobre el Carbono y otras restricciones sobre el Petróleo, el Gas y el Carbón en la UE. Mucho antes de las acciones rusas de Febrero de 2.022 en Ucrania. El impacto combinado de la fraudulenta agenda ESG de Fink en el gobierno de Biden y la locura de Carbono Cero de la UE está creando la peor crisis energética y de inflación de la historia.

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Comentario de esta Casa.

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              Ahora, si pasamos frío este invierno, si nos frotamos las manos y nos salen sabañones, ya sabemos quiénes son los resposnsables: GreenRock y la rubia «Cachetext». Todos en connivencia oscura con el padre Klaus, Portavoz de los Intocables. Será un consuelo muy escaso acordarnos de sus lejanos progenitores. Pero tal vez consuele a más de uno.

              El artículo subraya que todo esto se planeó antes del ataque ruso a la indefensa y débil Ucrania. Que hizo todo lo que pudo para atraer las iras del feroz oso ruso. Sin pensar en su sufrido pueblo. Y también explica la decisión del Canciller alemán de negarse a firmar la Certificación de puesta en marcha del Gaseoducto Nord Stream 2 antes de que pasara nada en Ucrania. Con ello condenaba a su pueblo a pasar frío y a cerrar muchas Empresas. Pero … ¿qué más da, si son las órdenes de la Superioridad? Todos soldaditos de plomo, impasible el ademán.

              Asi va este mundo distópico, absurdo, criminal. Pero algo nos dice que el tema de este artículo es una finta, una pose, un ademán. De corto alcance. Máximo dos años. Tal vez uno. Para luego comprar a buen precio las acciones de las desgraciadas Petroleras. Porque siendo gente inteligente, los dirigentes de «Greenrock» tienen que saber que a esto le queda muy poca cuerda. Y quieren aprovechar la circunstancia mientras se pueda. Tanta claridad de posicionamiento huela a comedia. 

              En fin, veremos. Aquí no tenemos acciones de Gas, ni de Oil, ni de Carbón. Tranquilos. Si las tuviéramos, no se nos ocurriría venderlas. Porque van a subir como la espuma en cuanto los Genocidas caigan. Entre los 12 y los 24 meses. Y ese tiempo se puede aguantar. Nos compraremos dos pares de guantes para el invierno, una radio a baterías y suficiente agua para los de casa. Y alguna otra cosilla más, como «chuches» para mayores, para que nos alegren el frío invierno.     

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