Bruselas controla nuestra dieta y así salvaremos al planeta

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La nueva Lista Negra de la UE incluye la carne de vacuno, el café y el cacao por dejar el planeta sin árboles. Pese a ser provisional, la Lista incluye alimentos muy habituales en la dieta española. Y uno de ellos lleva ya tiempo en la diana: La carne de vaca.

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Bruselas controla nuestra dieta y así salvaremos al planeta
Ursula von der Leyen | Cordon Press
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          El Consejo y el Parlamento Europeo han firmado un nuevo Acuerdo provisional para reducir la «deforestación en todo el mundo». Y han llegado a la conclusión de que debemos reducir aún más el consumo de carne de vaca, de café, soja y cacao, principalmente. Si queremos evitar que se acaben los árboles en el planeta. La UE ya tiene su nueva Lista Negra de alimentos.

          El Consejo y el Parlamento Europeo han llegado a ese Acuerdo para impulsar una propuesta «para minimizar el riesgo de deforestación y degradación forestal asociado con los productos importados o exportados desde la Unión Europea. El Acuerdo es provisional, a la espera de la adopción formal en ambas Instituciones», señala una comunicación de la UE.

Carne de vaca.

          Pero, pese a ser provisional, la lista incluye alimentos muy habituales en la dieta española. Y uno de ellos se ha convertido ya en la diana habitual de las Administraciones nacionales y europeas: La carne de vaca.

          «La UE es un gran consumidor y comerciante de productos básicos que desempeñan un papel importante en la deforestación, como la carne de vacuno, el cacao, la soja y la madera», afirma la Comunicación. Y las Nuevas Normas quieren incidir en el «objetivo de garantizar que cuando los consumidores compran estos productos, no contribuyan a degradar aún más los ecosistemas forestales. Proteger el medio ambiente en todo el mundo, incluidos los bosques y las selvas tropicales, es un objetivo común para todos los países. La UE está dispuesta a asumir su responsabilidad», afirma la UE.

          El Acuerdo provisional establece «normas de diligencia debida, obligatorias para todos los operadores y comerciantes que colocan, ponen a disposición o exportan los siguientes productos del mercado de la UE: Aceite de palma, carne de vacuno, madera, café, cacao, caucho y soja«.

          Es más, las Reglas también se aplican «a una serie de productos derivados como el chocolate, los muebles, el papel impreso y los derivados seleccionados a base de aceite de palma (utilizados, por ejemplo, como componentes en productos de cuidado personal). Se llevará a cabo una revisión en dos años para ver si es necesario ampliar estas medidas a productos», advierte la UE.

Deforestación y degradación forestal.

          El Consejo y el Parlamento Europeo, de hecho, acordaron hace tiempo establecer una definición de deforestación, «basada en una definición de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Establecieron un concepto innovador para la definición de ‘degradación forestal’, es decir: Los cambios estructurales en la cubierta forestal, tomando la forma de la conversión de bosques, regeneración natural y bosques primarios en bosques de plantaciones y otras tierras boscosas. Y la conversión de bosques primarios en bosques plantados».

          Además, el Consejo y el Parlamento han acordado «establecer un sistema de evaluación comparativa, que asigna a terceros países y a los países de la UE un nivel de riesgo relacionado con la deforestación y la degradación forestal (bajo, estándar o alto)». La categoría de riesgo determina, de este modo, el nivel de obligaciones específicas para los operadores y las Autoridades de los Estados miembros con el fin de llevar a cabo inspecciones y controles. «Esto facilitaría un mayor seguimiento de los países de alto riesgo. Y simplificará la debida diligencia para los países de bajo riesgo».

          Y es que la UE considera que «el principal motor de la deforestación mundial y la degradación forestal es la expansión de las tierras agrícolas. Que está vinculada a la producción de los productos básicos incluidos en el ámbito de aplicación de la regulación». Y, como la UE es un importante consumidor de estos productos básicos, «puede reducir su impacto en la deforestación mundial y la degradación forestal al asegurarse de que estos productos y las cadenas de suministro relacionadas estén ‘libres de deforestación’», concluye la UE.

          Ha llegado la hora de la restricción de productos tan habituales como el café, la carne de vaca y el chocolate.

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Comentario de esta Casa.

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          En los próximos meses vamos a oír las mayores imbecilidades, estupideces y majaderías que adulto sensato escuchar puede. Todas con el objetivo de dificultar la vida corriente del ciudadano europeo. Dichas por los políticos que los europeos eligieron para que representaran sus intereses en Bruselas, centro de decisiones. 

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          Dicho con más detalle, para delimitar responsabilidades: Los Partidos políticos con representación parlamentaria dispusieron que a Bruselas iban a enviar a determinados personajes de su Partido y confianza. Y en las listas para las elecciones los colocaron. Listas cerradas y bloqueadas. Y el pueblo votó a éste, o al otro Partido. Pasados los años, esos políticos elegidos por la población, aunque de manera indirecta, comienzan a tomar medidas que van en contra de sus representados. Por más que se esgriman razones ridículas para gravar la carne de vaca, el café, el cacao, y otros menudencias.

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          No procuran defender los intereses de quienes les votarón, sino que obedecen a los «cantos de sirena» que les lanzan los de Arriba. Extranjeros todos. Genocidas confesos. Criminales de incógnito. Autodesignados por ellos mismos. Que nadie eligió. Que no tienen ningún autoridad para mandar en Europa, ni en ningún otro Continente. Unos «mindundis», vamos. Que, acompañados de otros con mucho dinero, han sobornado y corrompido a todos los políticos del Globo. O casi.

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          Diríamos simplemente que han «sobornado» a los políticos, si los objetivos ocultos del soborno fueran beneficiarse los corruptores, los que sobornan. Eso es lo normal. Amoral, pero habitual en la Política, de altos y de bajos vuelos. Pero en esta ocasión han llegado más lejos. No pretenden beneficiarse ellos, lo cual sería humano y comprensible. ¡Lo que pretenden es matar al electorado! Liquidarlo. Exterminarlo. Eso sí, poco a poco. Para que no se note demasiado. Para que el público, adormecido y engañado, no se dé cuenta de lo que le están haciendo sus políticos.

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          Esa pretensión, ese plan, podría haber funcionado en el Imperio romano. Casi diráimos que funcionó. El Senado romano buscó el propìo beneficio a manos llenas. ¡Pero dejó vivir a los plebeyos! Con los menores derechos posibles, pero los dejó vivir. Y también en la Edad Media la nobleza y el clero esquilmaron y sojuzgaron al pueblo llano. Les obligaron a no salir de donde estaban sujetos al Señor feudal de la zona. Pero no se propusieron terminar con ellos. Tampoco hasta ahora había pasado algo semejante. Con la Ilustración, ni despues de la Revolución Francesa, ni con la Segunda Revolución Industrial, «entre 1870 hasta 1914«.[Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Segunda_Revoluci%C3%B3n_Industrial]. Ni después. Pero ahora vienen estos pájaros y dicen que sobra «mano de obra». Y que no saben qué hacer con ellos. Que lo mejor será liquidarlos, pasarlos a mejor vida. Exterminarlos, vamos.

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          Y aquí nos hacemos varias preguntas. La primera: ¿Qué autoridad tienen ellos para decidir la solución a aplicar, desde ya, a todo el mundo? ¿El haber sobornado a los actuales politicos? Si ese problema fuera real y no hubiera otra solución. habría que dejar que las cosas se fueran planteando paulatinamente. Que los Gobiernos tomaran las vías de solución más aconsejables y menos traumáticas. Seguro que encontraban formas menos salvajes.

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          Tal vez algun Gobierno más inteligente que los demás decidiera rebajar la jornada laboral a todos los trabajadores un 20%. Y así dar trabajo a un 20% de mano de obra desempleada. Y más adelante, quizás fuera posible trabajar solo el 50% de las 40 horas que dejaron a miles de trabajadoreos sin empleo. Con lo que todos disfrutaríamos de amplias zonas de ocio al dia. A lo mejor para 2.050 bastaba con que trabajáramos todos tres días a la semana, de Lunes a Miércoles, y cinco horas al día. Y gracias a ello habría pleno empleo. Para los jóvenes también. 

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          O tal vez alguien más inteligente que ese Gobierno más inteligente aportaba alguna otra solución que favoreciera aún más a la gente. ¿Quién sabe cómo podría ser el futuro?  Y ninguna de esas solucioens incluiría el Genocidio Universal. O casi.

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          Tenemos aquí la fuerte sospecha de que estos pájaros pretenden convencernos de la necesidad de su solución elaborada «a priori«. ¿Cuándo?  Allá cuando el clérigo Thomas Malthus (1.766-1.834) predicaba sus ideas peregrinas desde el púpìto, los Domingos, a sus fieles. Allá por 1.800. Siendo aún joven. Y que lo del cambio climático, lo del virus mortal, lo de la desforestación, lo de las «ciudades de cuarto de hora», no son más que trucos para lograr esa Inmolación controlada. Ese Genocidio gradual. Esa Exterminación programada, al estilo Auschwitz.

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          Y tenemos la fuerte sospecha, casi seguridad, de que la Humanidad no va a caer en tan burda trampa. Y les va a dar «sopas con onda» a todos los majaderos que pretenden imposibles en pleno siglo XXI. Ya pueden hacer planes para 2.025 con virus catastróficos. Son ellos los que no van a llegar a esas fechas. No con los planes que escupen por esa sórdida boca …

                      

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